1 jul. 2010

Zahara de los Atunes


Ayer hicimos una visita express a Zahara de los Atunes. Ya había estado allí y mi segunda impresión fue mejor que el recuerdo que tenía.

 Fuimos a llevar a mi hermana que durante el verano va a trabajar allí. Por las circunstancias que me rodean últimamente no fue la escapada de mi vida, pero a veces no queda más remedio que hacer las cosas especialmente por las personas que sabes que de verdad te quieren. 
Así que tres de las cuatro generaciones de mujeres de mi familia (la más mayor cumplirá 80 años en agosto) nos montamos en el coche rumbo a Cádiz. La gran geisha, mi madre; mi hermana y yo, y la pequeña maiko que siempre nos acompaña para alegrarnos el día.  

Creo que es la primera que visito las costas de Cádiz y no fui a la playa, a penas hice fotos (salvo las tres que ilustran este post) y estuve, pero no estuve allí.

Recuerdo que fue el 96 cuando un gaditano, conocido por el mote de Tarifa, me recomendó las playas de Bolonia. Llegué con unos amigos un viernes a última hora y recuerdo dos cosas especialmente, el viento y cómo su arena blanca se nos quedaba pegada en la cara. La verdad es que, aunque yo sea de Málaga, hay que reconocer que para playas las de Cádiz.

Después recuerdo su comida, el atún. Me encanta el atún en manteca, que aunque suene raro está buenísimo. Con una buena copa de Barbadillo... me muero. Las tortillitas de camarones, las puntillitas, los desayunos de pan cateto con aceite, ajo, tomate y un buen café. Estar allí, es no tener preocupaciones.

Con el tiempo también fui con mi amor, nos dimos varias espacadas y la volví a descubrir y después también la descubrieron mis niños. Recuerdo que la pequeña maiko cumplió sus dos meses de vida en Tarifa. 
Todos los años mínimo le hago una visita. Este año, ya he estado allí y no sé si será la primera y la última.  

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